30 dic. 2015

NEUTRALIZADO

Apenas quedan veinticinco horas para que dejemos atrás otro año y cada uno aplica en este momento su propio criterio.

Algunos hacen balance: lo bueno por aquí, lo malo por allá. Otros, prefieren reflexionar sobre lo que han hecho (o no), durante este año y prometerse a sí mismos lo que harán (o al menos intentarán), en el próximo.
También los hay que aprovechan estas fechas para lamentarse y regocijarse en el dolor de las ausencias, las de los seres queridos que por primera vez, o simplemente un año más no estarán en la misma mesa; tanto las de los que algún día regresarán, como la de los que partieron para no volver.
Después, hay otras personas que simplemente pasan del 31 de Diciembre al 1 de Enero como el que pasa de una baldosa a la siguiente caminando por cualquier acera de la ciudad.

Habrá más, no lo dudo.

Sin embargo, en un ánimo que ya nunca ha sido demasiado exteriorizable, ninguno de estos criterios (y ningún otro seguramente), me resultan definitorios.
Cuando haces balance semanalmente, cuando reflexionas (tal vez demasiado) a menudo, cuando te faltan de los unos y también de los otros; pero cuando también guarda mucho significado este momento, acabas en un maremagnum de sensaciones que por agotamiento, ignoras.

Y lo que queda es un espacio neutro, en el que no brotan sentimientos propios ni empatías para con los demás. Una neutralidad que te lleva a la indiferencia más hastiosa, pero a la que no puedes reaccionar.

Un estado que sin embargo, resulta sorprendentemente bueno; y es que cuánto mejor se analiza todo lo que nos rodea, cuando somos capaces de liberarnos de todo tipo de sentimiento.
Tal vez sea el punto más cercano a la objetividad absoluta.

Pero por más que efectivamente me ayude en ciertas áreas, no es ni con mucho, un estado agradable. Mas no se puede sino esperar a que ese conjunto de variables del entorno, la alimentación, el clima, el estrés y las personas, reviertan este estado ya a la alegría exacerbada, ya al temperamento más abrupto.

Dos energías estas, que si bien cesan con prontitud, se manifiestan siempre, la una o la otra, marcando el fin de esa etapa neutra. Como si inconscientemente, después de un periodo de inexpresión, precisase expulsar todo lo contenido. Y funciona.

No me puedo ir sin, en tal momento, recordar este clásico. Siete años recién cumplidos entonces y lo recuerdo como si fuera ayer.


Pitad, gritad, disfrutad, reíd.
A la vez. O no.
Feliz 2016