25 jul. 2011

DE QUÉ VAMOS

Un tío cuyo abogado defenderá como enajenado mental, decide que toda esa gente que no piensa como él y por ende es una amenaza - una conclusión logiquísima a todas luces, por favor -, debe morir.

Prepara explosivos, armamento. Se lanza a la aventura y ala, a aniquilar chusma.

Como máximo, a este elemento que ha consternado a todo un país y parte del extranjero, le caerán 21 años de prisión. Repito: como máximo. Si después contamos con la "buena conducta" con el "atenuante" de "demente" y otras cosas que su ávida defensa conseguirá - porque como es un niño bien y papi puede, tendrá la mejor defensa -, tal vez esté fuera en.. no sé.. realmente ni me importa. Creo que este tío no debería volver a ver la luz del día.

Para colmo, ayer mismo fallecía en una prisión de Teruel, un señor que tras llevar encerrado desde febrero de 2009 y con previsión de 16 años de hospedaje gratuíto por una agresión sexual a una menor y un robo con violencia, de los que clamó su inocencia hasta el último suspiro.

Después de los hechos ocurridos en 2003, en 2004 lo encerraron en enero y le dieron la libertad provisional en agosto. En febrero de 2009, condena en mano, ingresó en prisión y en mayo de 2010 fue trasladado a la cárcel de Teruel, donde empezó ya en febrero del presente año, la huelga de hambre que acabaría con su vida ayer.

Durante este proceso, un hermano del reo, que residía en Francia, fue llamado para tratar de hacer entrar en razón al huelguista, que pese a los esfuerzos de su consanguíneo y del personal y psicólogos del centro penitenciario, mantuvo su protesta, su reclamo. Porque era inocente. También fué obligado a alimentación forzosa por orden de un juez, que tampoco pudo competir con el ansia de inocencia que albergaba Tohuami Hamdaoui.




Sí, Tohuami Hamdaoui era marroquí. Seguramente islamista. Y seguramente a Andrew Berwick le habría encantado acabar también con su vida. Pero no hizo falta.

Qué curioso.. Un hombre piensa que toda una forma de pensar es un peligro para él, cuando el mismo día que tiñe sus manos de sangre matando a más de ochenta "pensadores de riesgo"; uno, muere, encerrado, reclamando su inocencia con el peligroso gesto del hambre.