27 abr. 2011

HACIA DENTRO

Cuántas veces me habré parado para sentir algo.. Y cuando digo parado me refiero a detener mi actividad, a dejar lo que estaba haciendo, por saborear una sensación. Un instante que por mínimo que haya sido me ha regalado una satisfacción gigante.

Soy energía en constante transformación. Soy agua en movimiento. Soy electricidad. Soy un montón de reacciones químicas con su orden y su desorden. Sentimiento. Todo en un escaso metro setenta que pasa desapercibido cada día en este mundo.

Me maravilla pensar en la cantidad de cosas que estarán pasando, por ejemplo ahora mismo, dentro de mí. Y disfruto cada vez que una puesta de sol, un abrazo, su aliento en mi nuca por sorpresa, una reunión familiar, una llamada inesperada, un recuerdo.. me produce esa sensación de "¡eh!, para, ¿sientes eso?", me concentro en mí mismo, siento cada impulso de la energía que en ese instante fluye por mi sangre, llegando a cada poro de mi piel, a mi corazón y por fín a mi cerebro y me embriaga con una sobredosis de endorfinas que me transportan por un segundo al sentimiento que hasta ahora considero más próximo a esa utopía llamada felicidad. Lo cierto es que la propia sensación se me antoja indescriptible, pero cuando llega la reconozco inmediatamente y gratifica como ninguna.

¿Qué quereis que os diga? En este mundo de velocidad, estrés y competitividad llevada al extremo, estos momentos me parecen auténticos regalos.


Sin embargo, las veces que uno se para a ver qué se cuece por ahí dentro sin que llegue ese aviso que presagia buen rollo, suele ocurrir que se encuentra con cosas más profundas. Como me ha pasado hoy.

Hoy sentía la necesidad de contar. De sentarme aquí y dejar mis dedos a su libre albedrío, sin saber muy bien qué decir. Con la mente en otro lugar. Pensando en un amigo que hace sólo unas pocas horas se despedía por última vez de un ser querido; en lo frágiles que somos, en lo corta -o no- que puede ser esta vida que nos ha tocado, siempre incierta, siempre difícil y fácil por momentos..

He sentido tristeza, sin embargo a la vez felicidad. Debido a este triste acontecimiento, compartimos unas horas de amistad que la distancia nos había coartado durante casi un año. Se hicieron más cortas de lo que fueron. Valieron la pena, desde luego.

Sé que hoy ha sido un día duro para él y su familia. Sé que quien le vea, e incluso quien crea que le conoce pensará "qué bien lo lleva", o "caramba, ¡qué chico más fuerte!". Y lo es. Todo lo fuerte que se requiere ser para poder no decir nunca que necesitas a alguien. Todo lo fuerte que hay que ser para proteger la más endeble fragilidad.





Yo te conozco. Sé que pasarás esto y seguirás para delante. Como sé que siempre estarás ahí y como sé que estás más que convencido de que yo siempre estaré aquí. 





Gracias por ser, estar y parecer. S&S forever.
Nos veremos pronto ;)